miércoles, junio 22, 2005

Ceros y unos, muertos y vivos.

Hoy, al despertar, sentí que seria un día raro, a veces creo que me veo afectado por eso de la intuición femenina, creo que con ese pensamiento empezó todo.

Después de la charla con el musiú cubierto por la chirimoya, llegamos al acuerdo: “dos horas de concentración, por dos días de plena libertad, sin yo, y con el súper yo encerrado”; trato necesario; de veinte, solo catorce estaban en el papel, y solo nueve eran inamovibles. Loca, loca estaba esa hoja, pero no tan agresiva como otras, hasta nos despedimos con un abrazo.

Palabras, palabras y más palabras. Pero mucho antes de ellas, pfffffffffffff, me escupieron cientos de teoremas, unas pocas definiciones, y sabrá sólo el que puede copiar quinientas palabras por minuto cuantos ejercicios fueron.

Hoy fui un tonto, era libre, no pensaba, decía; raro; fino; adictivo creo; malo. Creé a Dios en la computadora, tres leyes decidían si la colonia de unos vivía o no, y por cada muerto un cero aparecía en su lugar. Muchos nacían, mas morían, y ese Dios fue implacable, a veces dejaba vivir mucho, a veces poco, pero era implacable, su misión, acabar con la colonia tácitamente. (tácito, hoy para ti todo es tácito, idiota).

Continúo con lo de las palabras, si, palabras, no voy a decir nada de ellas. ( si, mejor…).

“Y este dolor durará por siempre, no digas nada, vete de aquí, porque yo voy donde nunca estoy, donde nunca fui”

Payaso